Conversando
con un ejecutivo responsable por la gestión del capital humano
en una organización líder de la región, me
comentaba sobre lo que pudo observar en un viaje reciente a Europa,
en el cual tuvo la oportunidad de conocer sobre las prácticas
de gestión de capital humano de varias organizaciones grandes
de dicho continente. El común denominador observado: la persona
y sus competencias como medio casi exclusivo para el logro de los
objetivos organizacionales.
En
otras palabras, el enfoque que prevalece en estos países
es el de asegurarse que se cuenta con las personas que reúnen
las competencias técnicas y conductuales idóneas de
cada cargo, asumiendo así que los resultados del negocio
serán una consecuencia “automática” de
lo anterior.
En
principio, lo anterior no parece algo radicalmente novedoso, sobretodo
porque todos sabemos que los resultados invariablemente dependen
de la calidad de personas que se tienen, aunado, por supuesto, a
la gestión de recursos financieros, físicos y tecnológicos.
Lo
que me llamó la atención de la conversación,
es la aparente indiferencia que estas organizaciones Europeas tienen
respecto al lado “hard” de la gestión de capital
humano, entiéndase, definición de las áreas
claves de resultado del puesto, evaluación de indicadores
de desempeño, sistemas de pago variable, estructuras salariales,
etc. Es decir, realmente demuestran con hechos su convicción
de que todo nace y resulta de las capacidades de las personas.
Sin
duda, la anterior es una tendencia a la cual no podemos cerrar los
ojos, aun y cuando me parece que nuestros países están
razonablemente lejos de una situación como la antes descrita,
dado que hablar de competencias es hablar de cultura, valores, creencias,
etc., algo que en buena medida nace de la misma sociedad en la cual
se desenvuelven las personas que laboran en las organizaciones.
Ahora
bien, sin menoscabo del último comentario, está claro
que cualquier organización con mentalidad de avanzada tiene
que contar con un proceso integral de desarrollo y aprovechamiento
de las capacidades del capital humano, como pilar fundamental para
contribuir al logro de los resultados organizacionales, aceptando
así una tendencia global de mediano y largo plazo. En los
proyectos que desarrolla nuestra Firma hemos podido identificar
muchas organizaciones en las cuales no está totalmente claro
cómo implementar dicho modelo integral, lo cual les lleva
a invertir mucho esfuerzo en iniciativas aisladas que no siempre
apuntan en la misma dirección. En este sentido, en este artículo
se describe el
modelo que nos parece más congruente en términos
de alcance y lógica secuencial entre los diferentes componentes
del desarrollo del capital humano.
El
modelo arranca como lo haría cualquier componente crítico
de un negocio: Planificación y previsión. Para este
caso, nos referimos a la planificación de los requerimientos
de capital humano (A). En este sentido, al igual
que cualquier otro recurso, es necesario anticiparse a las necesidades
que se tendrán a lo largo del año en cuanto a la cobertura
de plazas, ya sea por expansión del negocio o por rotación
de personal. Cualesquiera que sean estos requerimientos, las necesidades
de capital humano tendrán que provenir de un reclutamiento
externo o de una promoción interna (B).
Para el caso de una contratación externa, el elemento “capacidad”
se convierte en el factor fundamental de toda la cadena, dado que
no debemos incorporar a ninguna persona que no cumple con el perfil
de entrada de competencias técnicas (C)
y/o el perfil de competencias conductuales (D),
de lo contrario introducimos a la organización un problema
de gestión del desarrollo, especialmente en lo que se refiere
a competencias conductuales. Por supuesto que no siempre es posible
incorporar a la organización exclusivamente a personas que
reúnen a la perfección todas las competencias del
puesto al que aspiran, por lo que tendremos que aceptar algún
grado de brecha de entrada.
Independiente
de la forma en que se “alimente de personas” a la organización,
en cualquier momento dado se contará con un grupo de colaboradores
que constituyen el capital humano disponible. Este capital humano
tiene que estar inmerso en un proceso continuo de desarrollo y aprovechamiento,
primeramente a través de la evaluación y fortalecimiento
de competencias técnicas (E), así
como la evaluación y fortalecimiento de competencias conductuales
(F). Las primeras siempre serán motivo de
capacitación estructurada, mientras que las segundas dependerán
de coaching y auto-desarrollo.
El
tercer elemento, y a mi criterio el más importante, es la
identificación y evaluación del potencial (G).
Este es el punto en el cual se busca dar el siguiente paso. En el
entendido que las personas reúnen las competencias de su
puesto actual, el reto siguiente es identificar a aquellas que muestran
capacidad para asumir mayores responsabilidades. El enfoque generalmente
se concentra en competencias directivas, pues cualquier crecimiento
vertical inevitablemente resultará en alguna posición
de mando. De hecho, las competencias menos comunes en el capital
humano son las relativas a la dirección de personas, en el
entendido que para dirigir a otros es necesario ser un buen líder,
lo que implica competencias como auto-control, habilidades de comunicación,
auto-confianza, impacto y persuasión, entre otras. Como regla
general, en una organización se espera que no más
del 5% de la población tenga un perfil que verdaderamente
le tipifica como un colaborador de alto potencial.
A
este pequeño grupo de personas es necesario definirle rutas
y planes de carrera (H), a manera de asegurar que
estén listos para asumir mayores responsabilidades al momento
de producirse las vacantes superiores. Para el resto del personal,
es necesario mantener activos los procesos de evaluación
y desarrollo de competencias (E)(F) con un enfoque hacia el puesto
actual, buscando maximizar la efectividad y productividad en sus
respectivos cargos.
Al
final de cuentas, lo que se busca es asegurarse que todas las vacantes
que se produzcan en posiciones técnicas, profesionales y
directivas sean cubiertas con personas que ya se encuentran laborando
en la empresa, reduciendo de manera significativa las curvas de
aprendizaje e impactando positivamente la motivación y sentido
de pertenencia en posiciones claves.
En
fin, retomando las ideas iniciales, una organización que
defina de manera acertada las competencias requeridas en los puestos
de trabajo, evalúe de manera efectiva dichas competencias,
se asegure de eliminar las brechas existentes y aproveche a sus
mejores integrantes para llenar las vacantes directivas, teóricamente
no tendría que preocuparse de nada más. Es decir,
los resultados se cumplirán, siempre que no se produzcan
agravantes de fuerza mayor en el entorno. Claro está que
de la teoría a la práctica siempre hay un camino por
recorrer, y pareciera que los países Europeos ya llevan un
buen kilometraje en dicha avenida.
Ing.
Juan Fernando Varela
Gerente General
DESISA Consultores

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